
El ego no está en juego ni el afán por competir. Ni nada. Disciplina, todo queda supeditado a ganar.
Una vez enfrentados y superada esta primera y fundamental decisión de jugar en una mesa así, damos paso a las recomendaciones subsiguientes:
2. Soltarse. Hay que aflojar un poco los requerimientos de apertura. Como siempre para mandar, ni en sueños para ver. Pero con las mismas precauciones en las posiciones tempranas. Desde estas posiciones el mismo rigor, y a medida que se aleja en la posición de la mano, el juego se va soltando. Aunque parezca sorprendente, la adaptación en este caso remeda, lejanamente, al estilo suelto y agresivo.
Resumen: respetarlo cuando abre, sobre todo en torneos.
3. Cambiar el estilo o cambiar marchas. Como presta atención al juego rival, será proclive a encasillar a sus rivales. Una vez que lo hizo con nosotros, lo mejor es cambiar el rumbo.
4. En torneos, robarle los ciegos. Simple y efectivo.
5. De ser posible, evitarlo.
6. Semiblufs o mentir con salidas. Es una combinación sutil de cambio de marchas y engaño.
7. Dejarse vías de escape. Es un consejo siempre saludable, especial mente contra los que juegan bien.
8. Tener mucho cuidado con sus jugados y pozos grandes. Los buenos jugadores ganan más pozos grandes que aquellos en los que pierden. De otro modo, sería muy difícil que tengan las cuentas equilibradas.



