Son las mesas más difíciles de jugar. La primera recomendación es excluyente:
1. Realismo y honestidad con uno mismo. Ser AyA no es sinónimo de ganador ni da licencia para jugar en todos los terrenos. Si el rival es bueno de verdad, lo más sano es evitar cruces con él, centrándose en otros jugadores con estilos o niveles accesibles.
¿Y si la mesa está compuesta exclusivamente por AyA muy buenos o, sin importar el estilo, con un nivel que se sospecha superior al propio?
Si un individuo hecha mano a su voluntad para ser disciplinado con el objetivo conductor de ganar, la respuesta será muy sencilla: no hay que jugar en esa mesa. La intención no es competir ni demostrar nada; a uno ni a los demás. Por lo tanto, si en una mesa, como en cualquier otra circunstancia, se ha perdido ese margen que daba llevar la mejor parte, un buen jugador AyA no se sienta o de estarlo, se levanta y se va.



